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El Espíritu Santo y el Culto Cristiano

By Administrator  Posted on junio 14, 2008 In Espíritu Santo 1 Comment 
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 Por MIGUEL ANGEL ZANDRINO

Dios "nos ha hecho capaces de servirle bajo un nuevo pacto, que no

se basa en la obediencia a algo escrito sino en una vida recibida

del Espíritu. La ley escrita condena a muerte, pero el Espíritu

da vida" 2 Co.3:6 VP.

El culto del antiguo pacto estaba minuciosamente establecido en

la ley. Levítico es un manual de liturgia, y en la mayoría de los

libros del Antiguo Testamento hallamos referencias culturales y

litúrgicas: Deuteronomio, 1 y 2 de Samuel, 1 y 2 de Crónicas,

Esdras, Nehemias, Salmos y los profetas. Todo está previsto. Nada

queda librado a la improvisación.
Al llegar al Nuevo Testamento nos encontramos con una ausencia de

reglas y normas relativas al culto, que a primera vista pudiera

parecer extraña. Se enuncian solamente los principios

fundamentales del culto. Y hay una notable ;libertad en cuanto a

la forma litúrgica. ¡Qué lamentable que allí en donde las

Escrituras nos otorgan libertad, las organizaciones

denominacionales quieran someternos a costumbres tradicionales,

que no necesariamente siempre son compatibles con las Escrituras!

Lo decimos y lo repetiremos vez tras vez, pretender la

uniformidad en el culto, es poner énfasis en lo formal y no en lo

esencial. Es una sutil trampa del diablo. Recordemos que en

Sardis había una Iglesia que tenía forma de vida, y estaba

muerta. La unidad debemos buscarla en la fidelidad a Jesucristo y

a su Palabra, y puesto que la Palabra no establece la forma

precisa del culto, es natural que la diversidad del mismo no nos

separe, si realizamos nuestro culto en el Espíritu, y de acuerdo

con los principios neotestamentarios.
No es propósito nuestro considerar el aspecto formal del culto en

la Iglesia, sino destacar un aspecto descuidado del culto

cristiano: el que enuncia el versículo del encabezamiento. Esto

es, que se reduce a lo formal que se realiza en la Iglesia, sino

que Øa nuestro Dios, debemos rendirle culto todos los días, y ese

culto debe incluir toda nuestra vida.£ Dios nos ha capacitado para

servirle bajo un nuevo pacto, viviendo la vida recibida del

Espíritu. Es el mismo Espíritu que resucitó a Jesucristo de la

muerte, que nos ha sido dado para hacernos aptos para vivir una

vida nueva, de resurrección.
¡Pero no es fácil vivir esa vida recibida del Espíritu, todos los

días! Es muy grande y constante la presión de la vieja

naturaleza. Los problemas cotidianos nos perturban. El diablo no

deja de tentarnos. No es fácil ser constantes en la lectura de la

Biblia y la oración diaria. Todos comprendemos que vivir la vida

que nos propone la Palabra de Dios, representa seguir el camino

estrecho y difícil por el cual pocos transitan. Sin embargo las

dificultades que surgen, y las fallas que cometemos no deben

desanimarnos, porque nunca el Espíritu de Dios nos abandona.

Debemos perseverar y proponernos alcanzar la meta. A veces nos

parece muy elevada, tanto que la vemos fuera de nuestro alcance.

¡Que no se apodere de nosotros el desánimo! Tengamos presente que Dios nos ha hecho capaces de rendirle culto, viviendo la vida

recibida del Espíritu, a pesar de los problemas y dificultades

que seguramente deberemos superar para lograrlo.
Dios nos ofrece muchos recursos que nos ayudarán a vivir en el

poder del Espíritu. Y el culto en la iglesia es uno de los

auxiliares más valiosos que no debemos descuidar. Tenemos que

cambiar un poco nuestra mentalidad, y considerar que el culto

comunitario no representa tanto algo que realizamos para agradar a

Dios, como una actividad fraternal de la cual vamos a recibir un

renovado poder para rendir culto a Dios en el transcurso de

nuestra vida.£
Tal vez los conceptos individualistas políticos y económicos de

nuestra sociedad han influenciado nuestros conceptos

espirituales. Pero en el Nuevo Testamento es inconcebible un

creyente solitario. No existe el cristiano aislado de sus

hermanos viviendo al margen de la iglesia. La fuerza surge de la

unión del pueblo de Dios, representado por la iglesia local, la

familia concreta a la cual pertenecemos. Nacemos individualmente

por la fe en Cristo, pero nacemos en el seno de nuestra familia

espiritual, en la cual hallaremos seguridad.
El culto en la iglesia ha sido provisto por Dios para nuestro

beneficio. Lógicamente que a él le agrada que obedezcamos al

Señor Jesús cuando al instituir la Santa Cena dijo: Haced esto en

memoria de mí. Porque esto es algo que necesitamos realizar

repetidamente, pues nos hace mucho bien. Allí está la presencia

de la congregación proclamando la resurrección del Señor.

Cantamos y oramos con nuestros hermanos. Escuchamos la lectura de

la Palabra de Dios. Nos estimulamos unos a otros al ejercitarnos

en hacer memoria de Cristo. Participamos del pan y de la copa, y

por realizar todo esto juntos, con la convicción de que el mismo

Señor está en medio de nosotros, logramos vivir una experiencia

de comunión con él, que difícilmente podríamos alcanzar

individualmente. Damos gracias y sentimos el impulso de darnos

nosotros mismos al Señor, pues estamos llenos de Cristo, de sus

pensamientos, de sus actitudes, de su desprendimiento, de su

entrega. Y comprendemos que una muestra viva de "darnos al Señor"

es darnos a nuestros hermanos. El Espíritu obra en nosotros, nos

fortalece, nos enriquece, nos abastece de poder para rendir culto

al Señor en la vida que viviremos fuera de la Iglesia.
Lo que decimos de la Cena del Señor, podemos decir de la oración

comunitaria, de la predicación de la Palabra de Dios en la

iglesia, y de cualquier forma de culto en la iglesia, en donde la

comunión fraternal es un elemento que nos fortalece por la obra

del Espíritu. El salmista ya había descubierto esta verdad y así

lo expresa en el Salmo 133: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso

es habitar los hermanos juntos en armonía! Allí envía Dios

bendición y vida eterna". El culto no es tanto algo que hacemos

para agradar a Dios. A él le agrada que seamos fieles estando en

esa actitud de privilegio, porque lo necesitamos. Todo el culto

comunitario es la oportunidad que Dios en su gracia ha provisto

para nuestro bien. Cuando nos reunimos, cuando estamos juntos,

cuando celebramos culto al Señor, allí envía Dios bendición y

vida eterna.
Al Señor no se lo alaba meramente con decirle ®¡Te alabo!® No se lo adora simplesmente diciéndole ®¡Te adoro!® Lo alabamos y

adoramos con nuestra obediencia, con nuestra entrega, con el

servicio al hermano y al prójimo, con la proclamación del

evangelio. Y es el culto fraternal en la iglesia un factor

decisivo que nos ayuda a vencer las presiones de nuestra

naturaleza pecadora, dando lugar al Espíritu Santo para que tome

el control de nuestra voluntad.
oda nuestra vida debe ser un culto rendido al Señor, debe ser

alabanza y adoración, debe ser servicio, amor, y todo lo que

represente una manifestación visible que somos hijos de Dios.

esto es posible por el Espíritu que nos capacita para vivir esa

vida que ha sido sembrada en nuestra intimidad, de manera que

Cristo sea visto en nosotros.
Pero no es un camino fácil el que se nos propone. Necesitamos el

auxilio de nuestros hermanos, la participación del culto en la

iglesia, la lecturas diaria de la Biblia y la oración

perseverante. Y la confianza en el Espíritu Santo que permanece

en nosotros: "Si vive en ustedes el Espíritu de aquel que

resucitó de la muerte a Cristo Jesús, el mismo Dios que lo

resucitó dará vida nueva a los cuerpos mortales de ustedes por

medio del Espíritu de Dios que vive en ustedes" (Romanos 8:11

VP).
 

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Sobre los dones del Espíritu

One thought on “El Espíritu Santo y el Culto Cristiano”

  1. sofia dice:
    junio 18, 2008 a las 5:15 pm

    pue4s de grande bendicion

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